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Vasos de Papel (Reflexiones)

Dr. Ernesto J. Cruz Asesor Financiero en Salud

El autor, médico y economista, nos alecciona sobre gestionar nuestro tiempo y el exceso de trabajo en medio de la pandemia del Covid.

Anocheció de pronto, posé mis miradas en unos papeles dispersos en el escritorio, escribí una nota y me dispuse a contestar un correo que había olvido en la mañana.
Una mirada fugaz por la ventana y todo estaba oscuro. Volví sobre mi mirada, entonces me detuve a echar un vistazo consciente al día.

Me paré lentamente, al pasar frente a la cafetera, decidí tomar el resto del café que quedaba, un cuarto de taza si contábamos la virutas dentro.
Fingí que el vaso de cartón era una taza de aquellas personalizadas que usamos para presumir en las redes sociales. Me paré frente a la ventana y ciertamente había caído la tarde, el día se me había esfumado una vez más sin ser capaz de recordar las actividades del día. Un sorbo al café me despierta de mi ensoñación; frío e insípido, mi mente no se deja engañar con estos vasos de papel.

Entonces decido regalarme unos momentos para inventariar las actividades de este día.

Llegué temprano 7:15 a.m., lo recuerdo, saludé con cortesía a la conserje, encendí mi ordenador, un hermoso fondo de pantallas de mis hijos me saludé, saltaron las notas a la pantalla recordándome 12 actividades urgentes, 5 pendientes y 15 citas para la mañana.

En ese momento recordé que no había desayunado, mi estómago reclamó como si estuviera consciente.
Fui a la cafetera, vasos de cartón, el café estaba caliente, un vaso y a trabajar.

Recuerdo escribir tres correos, pagar la tarjeta de crédito, solicitar dos cotizaciones. Preparar media conferencia y posponer 7 de las actividades urgentes y posponer (otra vez) las 5 pendientes.

8:10 a.m. Iniciamos con una litiasis vesicular, seguimiento a la hipertensión de doña Luisa, 3 embarazos, una crisis de ansiedad somatizando, adolescente embarazada, disfunción familiar que llegó como probable gastritis.

11:00 a.m. un “break” para respirar, pero esta vez no me animo con el café en vaso de cartón. Reviso nuevamente el sistema de citas y aunque me parece que he trabajado un montón la pantalla del ordenador inmutable muestra un 16 que no sé de dónde ha salido, al parecer he estado deshaciendo el trabajo toda la mañana.

Reiniciamos a las 11:30 a.m., recuerdo perfectamente la hora, porque me asomé a la ventana en donde se refleja la hora de un reloj digital de la pared de enfrente, vi un joven por la calle con gorra negra, me recordó un amigo de infancia, el día estaba claro, soleado e incluso podía sentir el calor de afuera, a pesar de que estuviera climatizado en la oficina.

A partir de aquí parece estuve en automático.

Recuerdo caras, posar mis manos sobre instrumentos y personas, reír, consolar.
Recuerdo reclamar a mi asistente por algo y recibir varios textos de mi esposa.
Confirmo que comí algo a las 3:00 p.m., hay un voucher de la cafetería entre los papeles sueltos y el zafacón tiene evidencias de manchas sobre la tapa. ¿A dónde fue mi día? ¿Qué extraño mecanismo de mi mente me abstrae de forma que no puedo recordar? ¿Qué tan frecuentemente me ha estado pasando esto?

En un acto reflexivo y consciente, quizás el primero en mucho tiempo, decido revisar las 5 actividades pendientes que he estado postergando día tras día.
Abro el link de la nota, letras mayúsculas y negritas:

1. NO TRABAJAR TANTO.
2. RECUERDA SALIR A COMER HOY.
3. LLAMAR A UN AMIGO O FAMILIAR CON EL QUE TENGAS TIEMPO QUE NO HABLES.
4. RECUÉRDALE A TU FAMILIA LO MUCHO QUE LOS AMAS.
5. NO TE OLVIDES DE VIVIR.

Con voluntad propia una lagrima rueda por mis mejillas, ¿Desde cuándo he pospuesto estos pendientes?, La fecha de la nota está marcada para las vísperas de Año Nuevo, reviso en el computador, 13 Diciembre, la nota ha sido pospuesta 349 veces, 0 veces modificada.

La lágrima solitaria de mi mejilla ahora se acompaña de muchas, salen y liberan algo en mi interior que por fin me produce algo de paz.
Dejo todo encendido, ni siquiera tomo la chaqueta que está junto a la puerta, salgo con prisa si saber a dónde, mientras mentalmente repito el mantra: ¨Mañana resolveré esos pendientes a primera hora, mañana, lo haré mañana sin falta¨.

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