Inicio Opinión

La pandemia del COVID-19 en la República Dominicana: ¿Hacia dónde vamos?

Jefrey Lizardo
Economista. Director General del Sistema Único de Beneficiarios, SIUBEN. [email protected]

La irrupción del nuevo coronavirus COVID-19 a finales del año pasado en China y su expansión a todo el globo terráqueo en poco menos de 4 meses, ha significado grandes desafíos para los sistemas sanitarios de todos los países. Las medidas de confinamiento tomadas por estos buscaban suavizar el contagio y ganar tiempo para mejorar la capacidad de respuesta de los servicios de salud. Todo esto a la espera de una vacuna o nuevos medicamentos para el combate del nuevo virus. Por su lado, el desplome económico ocasionado por la cuarentena ha impactado negativamente la calidad de vida de la población y ha desnudado las grandes brechas sociales y económicas en nuestras sociedades.

¿Hacia dónde vamos con la epidemia del COVID-19 en la República Dominicana?

Las perspectivas de control del virus en el corto plazo van a depender de qué tan efectivos sigan siendo los mecanismos de control establecidos por nuestra autoridad sanitaria, enfocadas al diagnóstico, rastreo de contactos, y una acción ciudadana responsable, desde el aislamiento si hay sospechas o es positivo, el uso de mascarillas, el lavado de las manos y el distanciamiento social efectivo. La receta parece fácil, pero las experiencias de países como el caso de España, nos dice que no se puede bajar la guardia. Ya lo vivimos en el país con unas semanas intensas donde conseguir camas para pacientes con COVID-19 era una tarea difícil.

El panorama anterior implica que seguiremos conviviendo con el COVID-19 hasta tanto estén disponibles las vacunas o medicamentos efectivos para atacar la enfermedad. Un desafío importante que enfrentan los países es cómo garantizar medicamentos, insumos y vacunas (cuando estén disponibles) a toda la población. Más, en medio de una competencia internacional feroz entre países para asegurar el mayor volumen de dosis de vacunas. 

No hay dudas de que se requiere de más cooperación internacional y alianzas regionales para la compra y producción según disponibilidad de los países y la industria. República Dominicana ha dado pasos correctos para asegurar los insumos y medicamentos necesarios, al igual que las vacunas cuando estén disponibles a través de la OPS/OMS.

Reflexionar sobre hacia dónde va el país con la pandemia nos conduce a dos temas relevantes. El primero es la recuperación del tiempo perdido en salud, es decir, de cómo la pandemia ha producido externalidades negativas por el aterrizaje forzoso de las prestaciones de salud para enfermos crónicos o por ejemplo mujeres embarazadas. De hecho se prevé un crecimiento de pacientes con enfermedades crónicas descompensados, así como un aumento de la mortalidad materna y otros efectos negativos como el incremento de los problemas de salud mental.

Las encuestas sobre el impacto socioeconómico del COVID-19 (SEIA-Red Actúa Covid-19), levantadas en mayo y julio de este año revelan que la pandemia ha afectado el acceso a los servicios de salud. Estas encuestas fueron realizadas por un conjunto de instituciones bajo el liderazgo del PNUD y con la participación del Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN).

La encuesta de julio revela que el 11.9% de los niños y niñas menores de 5 años no tuvieron acceso a sus vacunas y el 12.3% de las mujeres embarazadas a los controles médicos regulares. Por su parte el 21.9% de los adultos mayores no tuvieron acceso a medicamentos o tratamientos regulares y el 31.7% de las personas con discapacidad sin acceso a medicamentos, terapias, personal de apoyo o dispositivos médicos. El 16% de las personas que viven con VIH no pudieron seguir recibiendo su tratamiento antirretroviral durante el período de cuarentena. Al comparar los datos con los levantados en mayo se observa una mejoría a julio, pues el impacto de la pandemia en la accesibilidad de los servicios de salud fue mayor a principios del confinamiento.

El segundo tema es el tránsito hacia la recuperación económica y la necesidad de seguir protegiendo a la población más vulnerable en el contexto de la pandemia. Recordemos que la salud de la población está muy vinculada a su situación socioeconómica y la pandemia ha tenido un impacto muy negativo en las condiciones de vida de la población. 

El 53.9% de los hogares de la muestra indicó que ha sufrido un choque importante en sus fuentes de ingreso debido al COVID-19, siendo las principales la disminución de ingresos o sus salarios y la pérdida temporal o suspensión de su empleo. Las encuestas citadas anteriormente arrojan que en el 9.3% de los hogares entrevistados, alguien del hogar perdió su trabajo de forma permanente, en el 18.8% perdieron su trabajo de forma temporal y en el 36.7% percibieron menos ingresos en las últimas semanas.

El COVID-19 ha afectado de manera importante la alimentación de las personas. La mayor parte de los hogares (76.7%) indicaron que les preocupa no tener suficientes alimentos en el hogar. De estos, el 57.2% ha tenido que tomar medidas como reducir las porciones servidas, disminuir la cantidad de comidas por día o pasarse días enteros sin comer.  Esto sin mencionar otros impactos negativos de la pandemia en las condiciones de vida de la población como el acceso a la educación, el aumento de signos de depresión o ansiedad en el hogar, de violencia doméstica, entre otros aspectos. Hay que destacar que el 84.8% de las personas que asistían a un centro educativo en febrero de 2020, pudieron continuar con sus clases durante la cuarentena ya sea a través del internet, teléfono, televisión o radio.

El país ha expandido sus programas de protección social y el compromiso del gobierno es mantenerlo hasta diciembre en la medida en que se reactiva la economía. 

No hay dudas que hoy día, 8 meses después de la abrupta irrupción del COVID-19 hay muchas lecciones aprendidas, pero queremos destacar dos: la necesidad de tener sistemas sanitarios resilientes ante choques como el de la pandemia, y por su lado, sistemas de protección social adaptativos para proteger a la población más vulnerable.

Tener sistemas de salud resilientes y blindados ante las pandemias requiere de más recursos  para el sector salud, enfocados al desarrollo de una buena atención primaria de salud, a la protección del recurso humano y al fortalecimiento de la capacidad de rectoría en el sistema de salud (entre otros aspectos importantes que no vamos a mencionar). 

La atención primaria debe ser el centro de todo sistema sanitario, que sea más proactivo y menos reactivo, que se enfoque en la promoción de la salud y en la prevención de enfermedades (en este caso en la educación y responsabilidad de las personas ante el COVID-19, y los factores de riesgo de enfermedades crónicas). La pandemia del COVID-19 genera una gran oportunidad para impulsar cambios en el sector salud.

Por último, el COVID-19 nos demostró la importancia de contar con sistemas de protección social adaptativos, apropiadamente articulados, proactivos, con capacidad de actuar preventivamente ante choques como los generados por pandemias o el cambio climático. 

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en SaludNews está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional acreditado.