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El país necesita un cambio urgente en salud

Hablar de reingeniería en salud es caminar sobre arena movediza ya que Hammer, el creador de este concepto, cometió el error de no tomar en consideración el principal factor, el recurso humano. Sería, además, un tema extenso para tratarlo en este momento. Sin embargo, no quería dejar de mencionarlo ya que las transformaciones que requiere el sistema de salud de la República Dominicana definitivamente deberán pasar por una profunda reingeniería.

Todos estos años hemos sido testigos de las reparaciones inconclusas a las estructuras hospitalarias, del interminable retardo en la aplicación de estrategias de primer orden, como es el caso de la Atención Primaria en Salud, de la desorganización de los niveles de atención y ni hablar de las lamentables condiciones en las que trabaja el personal de salud.

Lo anterior es lo que se aprecia por simple observación, pero todo esto tiene su origen en las contradicciones y discrepancias del ordenamiento de un sistema caduco cuya asignación presupuestaria para la inversión en salud todavía alcanza niveles extraordinariamente bajos si se calcula a partir del PIB del país. A esto se suman las discrepancias entre Rectoría y Servicio Nacional de Salud, la no aplicación de una cápita que garantice mejor prestación de servicios, el cumplimiento de la universalidad de los servicios de salud, la dilación de la puesta en vigor de los reglamentos de la ley de carrera sanitaria (395-14) y la necesaria habilitación de centros.

Por otra parte, hoy en día hacer referencia al manejo gubernamental del COVID-19 es hablar de manipulación, torpeza e ineficiencia. Dicho sea de paso, desde mi punto de vista en este tema siempre he propuesto pruebas masivas gratuitas, testeo e intervención según resultados, aislamiento con seguimiento de etapas, dotar a todo el personal de salud de bioseguridad permanente, incrementar el número de camas en internamiento y UCI, habilitar centros de salud para manejo exclusivo de COVID-19 en los territorios que se requiera y garantizar los insumos necesarios para llevar a cabo los protocolos. Sin olvidar, las medidas del uso de mascarillas obligatorias, lavado de manos y distanciamiento social y físico.

Solo la unidad del sector salud y la voluntad política garantizan éxito frente a la pandemia del COVID-19, y la continuidad de los procesos de gestión participativa en salud.

Finalmente, favorezco terminar con el distanciamiento y controversia constante entre el gobierno y el Colegio Médico Dominicano, se debe permitir que esta entidad cumpla su rol de ley. Es posible trabajar juntos dentro de la diversidad. De igual modo, la agenda en términos de salud amerita de transparencia, liderazgo, credibilidad, solidaridad, participación comunitaria, trabajo mancomunado con los organismos internacionales, e incremento de la inversión con calidad en el gasto.

Con el cambio de gobierno, construiremos juntos el puente sobre aguas turbulentas, dándole al país un gobierno que permita a su gente el espacio participativo que espera tener.

La conducción de este cambio definitivo está en manos de Luis Abinader.

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